Museo de Bellas Artes de Sevilla ( Murillo)

El Museo de Bellas Artes de Sevilla es un lugar de gran importancia y emblemático para la obra de Murillo. Fue un edificio que ocupada el convento de la merced, fundada por Pedro Nolasco en el siglo XIII , después de la conquista de San Fernando. Su actual edificio corresponde a una obra del arquitecto Juan de Oviedo , en el siglo XVII. Posteriormente el edificio fue desamortizado y los monjes enclaustrados de forma que en el siglo XIX se creó el primer germen del actual museo.

Durante esta época de desamortización muchas pinturas de Murillo pasaron a formar parte de la colección del museo: las pinturas procedentes del Convento de los Capuchinos, del Convento de San Agustín y del Convento de San Francisco. Posteriormente, ingresaron otras pinturas, como La Virgen con el Niño (h. 1838-1840), San Francisco (h. 1650), La Dolorosa (h. 1669), San Jerónimo penitente (h. 1665-1670) o la Inmaculada (1670). Obras de todas las épocas del pintor

La mayor parte de las obras de Murillo están expuestas en esta institución.

San Rafael y el obispo fray Francisco Domonte (reproducción del original)

Aquí Murillo muestra a fray Francisco Domonte. Domonte fue miembro de una rica familia aristocrática y ejerció una importante carrera eclesiástica. Este retrato estuvo ubicado en este mismo edificio cuando fue convento de la Merced. Las formas de la pintura muestra el carácter conservador del cliente que solicita el encargo. La figura del arcángel San Rafael, ocupa el papel protagonista del cuadro; dirige su mirada hacia el obispo, que aparece vestido de fraile y sin las ropas episcopales , las cuales están a los pies del arcangel.

Inmaculada. La Colosal.

Esta Inmaculada fue pintada para presidir el convento franciscano. Su nombre viene debido a su gran tamaño debido al motivo de presidir el retablo. La Virgen de tamaño monumental, sostenida por la luna y rodeada de una neblina. Aquí se representa un dinamismo y espíritu del movimiento propio de la época Barroca.

Convento de los Capuchinos. En la primera mitad del siglo XVII , se fundó el convento de los Capuchinos y los frailes encargaron a Murillo la confección de las obras de las dependencias.. Murillo ejecutó hasta veintiuna pinturas, las cuales formaron parte de las dependencias y del retablo mayor del convento. Durante la Invasión francesa, los capuchinos entregaron las obras al cabildo catedralicio y posteriormente a la desamortización de Mendizábal , pasaron al estado y a la institución museística.

El Jubileo de la Porciúncula.

Esta pintura presidia el retablo Mayor de los capuchinos, y muestra la Aparición de Jesús y la virgen a San Francisco, un tema recurrente en la obra de Murillo. Como hemos indicado anteriormente, todas las obras del convento salieron hacia Cádiz, debido a la invasión francesa, todas menos esta que pasó a manos de los franceses y acabo en el Alcázar. Posteriormente, fue vendida, motivo por el que está en Alemania, concretamente en la ciudad de Colonia.

Santas Justa y Rufina.

A la izquierda del Jubileo de la Porciúncula, en el lateral izquierdo del primer cuerpo del Retablo Mayor, se encuentra esta pintura que muestra uno de los temas mas importantes en la vida artística de Murillo, el de las santas patronas protectoras de Sevilla, las Santas Justa y Rufina, donde muestra a unas jóvenes santas alfareras con mirada terrenal y de santas protectoras de la ciudad. El hecho de que las reliquias de las hermanas fueran trasladadas, según la tradición, a la iglesia donde más tarde fue construido el Convento de los Capuchinos, hizo que éstos nombraran a las alfareras patronas del mismo, debiendo estar, de este modo, en el lugar más privilegiado del templo.

San Leandro y San Buenaventura.

Otras obra del retablo Mayor, fue San Leandro y San Buenaventura El primero fue fundador del templo donde fueron martirizadas Santa Justa y Rufina y el segundo fue una de las cabezas visibles de la orden franciscana. Muestra una visión alegórica de la cesión del templo de san Leandro a San Buenaventura.

San José con el Niño.

En el lado izquierdo del segundo cuerpo del Retablo Mayor se disponía esta pintura, una de las mejores versiones que del tema realizará Murillo y una de las mejores representaciones que de esta iconografía se realizaron durante el Barroco en Sevilla. La capacidad del pintor para trasmitir emociones y actitudes está presente en esta obra a través de la solemne concentración de San José, acompañada por la confianza y serenidad del Niño, que sobre un alto pedestal, reclina la cabeza sobre el hombro de su padre, a la par que establece un contacto visual directo con el espectador. La restauración a la que ha sido sometida en los últimos años ha dejado al descubierto el virtuosismo formal y pictórico de Murillo.

San Juan Bautista.

Junto con San José y el Niño, se encontraba esta pintura que muestra la destreza de representar las emociones y expresiones psicológicas y la forma de jugar con ellas. Aquí Juan el Bautista mira hacia el cielo, con su misión de anunciar al Mesías, acompañado por el cordero, el cual simboliza a Cristo a través del Agnus Dei. En este caso el pintor muestra un dominio de la técnica anatómica y un juego cromático que da fuerza al paisaje de fondo.

San Antonio con el Niño.

Murillo sigue con su idea de mostrar santos cercanos y terrenales al pueblo Muestra al santo abrazando al niño en un momento de gran espiritualidad y muestra un santo amable y de bondad solo visible a través de la mano del artista .

San Félix Cantalicio con el Niño.

Esta obra en la misma línea de san Antonio con Niño y que se constituye como parte del retablo Mayor. Contrasta la ternura del Niño con la visión cansada y anciana del santo al cual acaricia la barba. Murillo muestra su calidad en la obra gracias al dominio del pintor en la aplicación del color que muestra los efectos expresivos y psicológicos de los gestos del fraile.

 

La Anunciación.

Pintada y ubicada en un pequeño rincón del presbiterio. El pintor conecta a San Gabriel y la Virgen, por una línea ascendente y en la que enlaza el con gran destreza el Cielo y la Tierra. Ambas imágenes, acompañadas por el Espíritu Santo , contrasta con sus disposiciones divinas y el mensaje que muestra

La Piedad.

Ubicada también en un rincón similar a la Anunciación y enfrentada directamente a ella. Esta pintura fue mutilada y se perdió la mitad quedando solo la parte superior lo que hasta cierto punto mermó su excepcionalidad. La obra, con una soberbia composición, tuvo que tener alguna influencia de Anton Van Dyck. Las expresiones de dolor de la Virgen y la forma del cuadro dignifican el cuadro que perdió parte de su expresión con la mutilación sufrida.

San Antonio de Padua con el Niño.

Para una de las pequeñas capillas laterales situadas en el muro izquierdo de la nave de la iglesia de los Capuchinos realizó Murillo esta versión de San Antonio con el Niño, en esta ocasión, dispuesta para ser vista desde una mayor cercanía. La pintura, que ocupaba uno de los medianos altares dispuestos en la nave, pudo ser ejecutada entre 1668 y 1669, como el resto de pinturas situadas en este espacio. Al igual que se observa en la versión de San Antonio con el Niño del Retablo Mayor, el pintor hace un excelente estudio psicológico de las figuras, magníficamente captadas dentro de un profundo misticismo y amor. La composición en dos registros, el terrenal y el celestial, perfectamente enlazados a través de la luz, muestra a un consagrado pintor.

Inmaculada con el Padre Eterno

Esta Inmaculada presidia parte de la nave del evangelio de la iglesia capuchina. La pintura incorpora en la parte superior al Padre Eterno, mostrándose de forma protectora con la Virgen. La figura de María se muestra de manera frontal y con leves ondulaciones. Su rostro, mira hacia arriba en señal de agradecimiento al creador, mientras que alrededor se unen una serie de ángeles pisando al dragón que se muestra como símbolo del pecado original.

San Francisco abrazando a Cristo en la cruz.

Una de las pinturas esenciales provenientes de la iglesia de los Capuchinos es esta obra, que se albergaba en la última capilla de la nave izquierda del templo, junto a la entrada del mismo. En ella, como era frecuente en la producción del pintor, se observa a un Cristo amable y cercano, que es abrazado por el fundador de la orden, manifestando el profundo amor que los franciscanos profesaron hacia la figura de Jesús. La obra, de una excepcionalidad muy elevada, muestra un excelente estudio anatómico y de emociones, además de un virtuoso uso del color y de la composición, perfectamente cerrada con el paisaje final de la ciudad de Asís, donde se enmarca el milagro.

Adoración de los pastores.

Ubicada en la primera capilla del Convento de Capuchinos. En ella se muestra una imagen con gran destreza pictórica con un grupo de personajes bien enlazados debido a las diagonales que se entrecruzan. Todos los personajes, pastores y Sagrada Familia se ven en un fondo de claro oscuro destacando la luminosidad de la imagen del niño. Esta obra muestra la cercanía y dulzura de la Sagrada Familia , una forma que ya muestra en otro tipo de pinturas religiosas

San Félix Cantalicio.

Otra obra dedicada a este santo estaba ubicada en la capilla lateral como contraste a la ubicada en el retablo mayor. Una imagen de misticismo y espiritualidad es plasmada en esta pintura por el artista donde muestra al santo alzando sus manos hacia el niño con señal de agradecimiento por una vida piadosa y de virtud. La escena milagrosa esta creada con detalles de la vida cotidiana del siglo XVII lo que da un aspecto de realismo.

Santo Tomás de Villanueva entregando limosnas a los pobres.

Era considerada como una de las obras favoritas de Murillo, realizada para última capilla, para su altar de la nave derecha. Este santo aunque era agustino se muestra al ser seguidor de una doctrina de renunciar a sus bienes terrenales para dedicar su vida a los más pobres. La pintura muestra al santo entregando a un pobre minusválido limosna con una fondo arquitectónico impresionante. La calidad y la factura de la misma son incuestionables.

Inmaculada Concepción del Coro.

Ubicada originalmente en el Coro del convento capuchino donde vuelve a mostrar una visión de una imagen mariana de Inmaculada propia de la época con una vestimenta blanca y azul. La Virgen se muestra sobre una media luna plateada flotando en una especie de manto vaporoso. La virgen igualmente se muestra con las manos cruzadas mirando al cielo y rodeada de una corte de ángeles como habitualmente hace Murillo en la representación del Dogma de la inmaculada Concepción.

Virgen de la servilleta.

Una de las obras más conocidas y con una leyenda sobre la realización de la misma como regalo a los frailes hecha una servilleta, aunque estudios posteriores han demostrado que no es correcta esta versión. En 1750, la obra fue trasladada al espacio del sagrario del altar mayor de la iglesia, sin perder, no obstante, su apodo de la refectolera al mostrarse en el refectorio y residir las comidas de los frailes. La obra fue reproducida en varias ocasiones debido a la dulzura de su imagen y rostro.

Virgen con el Niño. Procedente del Convento de los Descalzos de San José, encontramos probablemente la obra más temprana de Murillo. La obra paso al museo después de haber estado en el convento de los Capuchinos. El cuadro representa una de sus clásicas imágenes de la Virgen con el niño con una imagen de más amabilidad. Aunque se muestra algo de tenebrismo, influencia por supuesto de su maestro Juan del Castillo .Durante años la obra fue motivo de dudas sobre su origen y autenticidad.

San Francisco. La pintura, muestra una de las experiencias místicas del santo Francisco con sus manos estigmatizadas El cuadro se muestra a San Francisco acompañado de León con un fondo de un paisaje enorme ,León aparece en segundo término. La obra, es de austeridad cromática, mostrándose como preferentes los colores marrones muy propios de la primera época de Murillo.

San Agustín con la Virgen y el Niño.

Es una de las dos representaciones del Santo que se crearon para el convento del mismo nombre, mostrándose un episodio recogido en Confesiones. Aquí se muestra al niño con la Virgen ofreciéndole a San Agustín un corazón atravesado con una flecha como símbolo del amor divino. Murillo utiliza dos prototipos habituales de la Virgen y el Niño que muestran una serenidad tanto física como espiritual.

San Agustín y la Trinidad.

Esta es la otra representación mística del santo y en el que nos muestra a la Trinidad .El mismo decía que este episodio místico influyo para crear su obra sobre la Trinidad, la argumentación teológica sobre Dios Uno y Trino. Aquí el pintor nos muestra el contraste entre la penumbra y color oscuro de la celda y la luminosidad proveniente de la Gloria trinitaria. Sus ojos se fijan de manera permanente en la visión de la Trinidad en este momento místico.

Santo Tomás de Villanueva orando ante el crucifijo. Esta pintura muestra al Santo Tomás de Villanueva orando ante el Crucifijo, en un momento místico de su vida. Murillo mostraba al santo rezando y recibiendo un mensaje desde la cruz, aquí le indica que el día de su muerte será el día de la Navidad de la Virgen y lo recibe con sosiego, humildad y resignación.

Virgen con el Niño.

Se piensa que procede también del Convento de Capuchinos. Se muestra nuevamente como un clásico, el tema de la Virgen con el Niño, y se cree que realmente no fue obra del propio Murillo sino de sus colaboradores y ayudantes. Todo estaría debido al alto volumen de trabajo acumulado en Murillo que obligó a delegar esta obra en sus fieles colaboradores. Su mirado y melancolía, parece un preludio para la futura Pasión y Muerte de su hijo.

La Dolorosa.

Muy posiblemente sea la pareja del Ecce Homo perteneciente a una colección privada. La Contrarreforma fomentó la imagen de la Dolorosa y Ecce Homo siendo el artista impulsor y mostrando diferentes versiones de este tema tratado, normalmente, en dos lienzos que configuran una pareja, a veces de cuerpo entero y, en otras ocasiones, de medio cuerpo. Este cuadro muestra a la Virgen en situación de tristeza y a punto de romperse y buscando fuerzas para llevar este sufrimiento de ver a su hijo torturado.

San Jerónimo penitente.

Muy popular esta representación durante el siglo XVII ya que la Iglesia contrarreformista lo muestra como modelo expiatorio de sus pecados. Aquí se muestra al santo en un momento contemplativo frente a un crucifijo; con la mano derecha sujeta una piedra con la que golpearse el pecho, como signo de arrepentimiento de sus pecados El contraste lumínico muestra la perfección de los detalles anatómicos del santo

Inmaculada Concepción.

Es una de las pinturas sobre la temática de la Inmaculada Concepción en la parte final de su vida productiva. La virgen se eleva sobre las cabezas de unos ángeles que llevan los tradicionales símbolos de la palma, las rosas, la azucena y el espejo. Viste túnica Blanca con manto azul, clásico en el pintor, con luminosidad. Su belleza juvenil, con su mirada hacia el cielo, se ilumina por las doce estrellas que rodean su cabeza.