Palacio de Dueñas

 

Construido entre el siglo XV y XVI, con el nombre del monasterio de las Dueñas, un edifico aledaño que fue demolido en el siglo XIX .

Originariamente fue la casa-palacio de los Pineda, una de las casas aristocráticas de la ciudad de Sevilla cuyos miembros destacaron en episodios históricos como Guerra de Granada. Luego paso en herencia a don Fernando Enríquez de Ribera, II marqués de Villanueva del Río y padre de Antonia Enríquez de Ribera, casada en 1612 con Fernando Álvarez de Toledo, futuro VI duque de Alba. A partir de entonces paso a la casa de Alba convirtiéndose en una de sus principales residencias.

En este palacio se ofrecerán una obra original y varias reproducciones.

Retrato de don Juan Antonio de Miranda y Ramírez de Vergara.

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La técnica y destreza de Murillo en esta obra muestra una pincelada fluida y de gran vibración. El color muy típico de época Barroca por su sobriedad, con predominio del blanco y el negro de la ropa, y la figura sobre un fondo de sombras con una cortina verde. La columna como elemento y los fondos neutros alejan a Murillo de la versión más conservadora y burguesa de los retratos mostrados con anterioridad.

Retrato de don Antonio Hurtado de Salcedo, I Marqués de Legarda (reproducción del original).

Este retrato es uno de los destacados de Murillo donde se muestra Don Antonio Hurtado de Salcedo, Secretario de Estado de Felipe IV, caballero de Santiago en y Marqués de Legarda. Aquí el artista no solo muestra al protagonista principal sino también el paisaje que le rodea, con un amplio cielo con nubes diluidas, y el resto de los elementos que plasma según la faceta del artista. Consigue así el artista crear la pintura en la que Este tipo de obras era similares a las obras del flamenco Anton van Dyck, como El rey Carlos I de Inglaterra de caza.

Retrato de Don Diego Félix de Esquivel y Aldama (reproducción del original). La figura destaca con un foco de luz permanente que deja ver la línea de separación con el suelo. En su mano derecha sostiene un sombrero de ala ancha y sitúa la izquierda sobre el respaldo de un sillón. En esta obra el retratado se muestra de forma sombría, con ligeros toques dorados. Es una obra que aún se mantiene bastante apegada a la tradición del retrato de corte español en su puesta en escena.

Retrato de don Andrés de Andrade y la Cal (reproducción del original).

El retratado aparece en un pórtico con balaustrada, igual que el Duque de Frías, aunque en este caso se acompaña de un gran perro. La decoración arquitectónica es más sobria que en retratos anteriores, destacando el pilar en el que aparece el escudo de la familia Andrade y el nombre del efigiado. El rostro es relativamente juvenil y nos muestra a un hombre de una edad no superior a los treinta y cinco años, que posee unas facciones correctas y transmite una profunda concentración anímica, como es habitual en los retratos del artista. Esta pintura parece un punto de transición en la producción retratística de Murillo, porque incluye elementos “modernos”, como situar al personaje en un exterior, y un tema ya anticuado, como es el perro al que acaricia su dueño, más propio de los retratos de los reinados de Felipe II y Felipe III.

Retrato de un caballero (reproducción del original).

Este cuadros se encuentra destrozado por cuatro de sus partes . La pintura es, probablemente fuera un trozo de un retrato. Esta obra muestra a un personaje con un sombrero y cara ligeramente inclinada. Se muestra con gran concentración pero un cierto toque de melancolía.

Retrato de Josua van Belle (reproducción del original). Posiblemente se tratara de un retrato que fuera recortado según boceto encontrado de esta obra.. Es más luminosa y colorida que las obras anteriores. El retratado viste con las típicas vestimentas holandesas. Una gran cortina púrpura cierra la composición por la derecha, mientras un paisaje de gran celaje se percibe por la izquierda.

Retrato de un caballero (reproducción del original). Aquí muestra Murillo la mayor influencia del arte flamenco en su obra y donde mejor plasmada queda. Aquí se muestra un personaje con tez y rasgos propios de un personaje germánico propio de la zona flamenca. Aparece de pie con un guante y mostrando un recuerdo habitual y repetido en los cuadros de Murillo, una cortina verde. Su forma de posar le acerca a los pintores flamencos contemporáneos.

Retrato de Nicolás de Omazur (reproducción del original).

Nicolás de Omazur, flamenco de origen, fue mecenas y recopilo una gran colección de arte Con este retrato se entremezclan el estilo de Murillo con el estilo flamenco como típico retrato con significación alegórica . En su mano se muestra una calavera como fin de la vida. La figura es rodeada por una serie de letreros simbólicos que indicaban su mensaje moral.

Retrato de Isabel de Malcampo (reproducción del original).

Isabel de Malcampo, esposa del anterior, es mostrada con una rosa como símbolo de delicadeza y de la vida con espinas y como flor marchita La riqueza simbólica que rodea a ambos retratos los convierte en muestra de los pocos retratos vanitas de la pintura barroca española, tan frecuentes en Flandes desde principios del siglo XVI.